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¿Y quien va a pagar el oleo del señor Presidente?

Leonelda Navarro, de un talento para las artes como pocos, y de una brillante trayectoria artística, llegó muy temprano el día tres de Noviembre de 2004 a las instalaciones del colegio José Eusebio Caro. No llegó sola, como siempre, iba acompañada de un retrato al óleo, esta vez del señor presidente de la República. Su propósito de la ida al evento, que se realizaba con motivo de la visita del Presidente Alvaro Uribe a esta ciudad para entregar unos pocos subsidios de vivienda, no era para participar en dicho acontecimiento político, porque a ella estas cosas poco le agradan, sino con la firme convicción de ofrecer en venta su obra a quien fuera, a los organizadores, a los anfitriones a cualquiera, incluyendo al mismo presidente si fuera posible.

Se sentó estratégicamente ubicando el posible comprador para que se lo obsequiara al Presidente. La primera tentativa de venta, cuya audacia revela muy bien cuáles eran los objetivos de su presencia en el evento, fracasó por una negativa de compra de un Concejal de un municipio de la provincia. Un funcionario de una entidad, sentado a su lado, la orientó que el más indicado para comprarle el óleo era el señor Alcalde.

Justo detrás de su sitio se encontraban dos funcionarias de la Administración Municipal muy cercanas al mismo. Ella se les acerco y les ofreció el cuadro en venta. Una de ellas se paró y se dirigió donde el Alcalde para comentarle lo del óleo. Leonelda observó todo el tiempo a detalle la entrega del óleo al Alcalde y la conversación de la funcionaria con él. Cuando regresó la funcionaria a su sitio, Leonelda, llena de expectativa, le preguntó – qué dijo – y la respuesta de la funcionaria, según consta en una carta dirigida al Alcalde por la Artista de fecha 4 de febrero de 2005, fue: "Pues yo dije lo que Usted me dijo al Alcalde y lo del precio, y el dijo que estaba caro, pero no dijo más nada... luego Usted habla con él y se lo compra...". Esta respuesta tan imprecisa la dejo preocupada pues no le daba certeza de la venta de su obra.

Desde ese mismo instante le clavó los ojos al Señor Alcalde, que ya tenía el cuadro en sus manos, justo veinticinco minutos antes de que se lo entregará al Presidente, y se esforzaba mentalmente para que éste la mirara y le hiciera alguna señal sobre la compra del mismo. No lo logró, no hubo ninguna señal, ningún gesto, ninguna mirada y mucho menos una palabra.

Su preocupación iba en aumento, porque en el fondo tenía el presagio de que la venta se iba a embolatar, y se dedicó a observar minuciosamente al Alcalde y a su óleo sin darle un instante de tregua. Ella hoy lo recuerda todo con una excelente precisión como si hubiera sido hoy mismo. Vio cuando el Alcalde lo recibió, cuando lo desenrolló, lo miró, lo volvió a enrollar, y hasta lo vio cuando no supo que hacer con las cinticas de mil colores que enrollaban su obra, y se movía de un lugar a otro, alrededor del Señor Presidente esperando el momento oportuno para entregárselo sin que en todo este tiempo le dedicara una mirada. Hasta que por fin se lo entregó, dijo ella, y él observó con mucho agrado el cuadro, y el le preguntó algo y el Alcalde le indicó que la artista autora del óleo se encontraba en primera fila y fue cuando recibió el gesto de complacencia y admiración por el retrato al óleo del Señor Presidente. Leonelda, luego vino a saber que este gesto de agrado del Señor Presidente fue el único pago que recibió por su obra.

La trascendencia de Leonelda como artista está sustentada precisamente en la escondida sabiduría que sostiene sus obras y de su gran estructura directa y desprevenida. Ella pese a su gran importancia como artista, salió del evento sin el óleo y con la total incertidumbre si el cuadro, alguien en verdad se lo había comprado, pero también salió con la firme convicción de cobrarle su obra a quien se la había entregado al Presidente, al señor Alcalde, aún sabiendo de que con él no se había concretado ninguna negociación con su obra.

La incertidumbre no le duro mucho pues tiempo después la artista paso la solicitud para que la Administración  Municipal o el Alcalde le pagarán el óleo y la respuesta luego de mil solicitudes de pago y de mil reclamos fue tajante: "nos permitimos manifestarle que toda vez que la administración en ningún momento le ha solicitado su servicio, vemos improcedente acceder a su petición.., debe ser Usted consciente que la administración en ningún momento asumió compromiso alguno con Usted...". Ella entiende que en el fondo tienen razón, pues nadie, en el embolate del evento concretó con ella el cierre de la negociación del óleo, sin embargo, hasta hoy no ha dejado de sentir esa rara sensación de que la asaltaron en su buena fe.

Al final de cuenta, nadie pagó el cuadro y ya no hay a nadie a quien reclamar su pago, lo que si hubo como conclusión de esta historia inverosímil es la de un funcionario de una entidad que oriento mal la venta de la obra, la de unas funcionarias de una administración que dijeron que quizás y luego que de pronto y después que no sabían, la de un Alcalde que entregó una obra que nunca nadie pagó y la de un presidente que recibió su retrato histórico sin saber lo embolatado que estaba el mismo y sin mucho menos saber que su sonrisa fue el único pago que obtuvo la artista.